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De eso se trata el arte

De eso se trata el arte

El miércoles 4 de Septiembre tuve la oportunidad de dictar una charla en la Librería Lugar Común, un espacio pleno de buenas sensaciones que se llenó de interesados en la obra de Francesca Woodman. La charla giraba en torno a una hipótesis sobre los motivadores de la obra de Francesca, que yo situo en el terreno de la experiencia abismal, el enfrentamiento a lo bello y lo sublime. Quiero creer que la plenitud que Francesca sentía al exponer un mundo interior tan frágil derivaba de la imposibilidad de alejarse de algo terrible que la absorbió con su belleza.

Sin embargo, una de las lecturas de su obra, la aportada por su madre Betty Woodman, artista reconocida, insiste en interpretar la obra de Francesca no como un “mira cómo me siento” sino como un “mira lo que soy capaz de hacer”. Según Betty Woodman, de eso se trata el arte.

Yo me pregunto si “mira lo que soy capaz de hacer” es tan diferente a “mira cómo me siento”, digo, si concebimos al arte como construcción humana, aunque trascienda las fronteras metafísicas.

Pueden ver la charla aquí.

Lihie Talmor, gran artista y amiga, se me acercó al final de la charla y estuvimos conversando sobre la maravilla de vidas tan luminosas como la de Francesca y surgió el nombre de Glenn Gould. La productora que hizo el documental “The Woodmans” produjo también “Glenn Gould, the genius within”, un conmovedor recorrido por la relativamente breve pero tremendamente intensa vida del que es, a mi juicio, el más grande pianista que ha existido.

Como ocurre con frecuencia, esta conversación con Lihie quedó resonando, y terminó estableciendo una conexión ya inseparable entre esta charla sobre Francesca y la bella, sublime, interpretación que Glenn Gould hizo de la Partita No. 6 en mi menor de Bach.

De eso se trata el arte, de lo que soy capaz de hacer al atreverme a enfrentar cómo me siento.