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Dinamarca es una cárcel

21st Abr 2013 0 Comments
Dinamarca es una cárcel

Comienzo con un enorme cliché: Shakespeare es pasmosamente ubicuo y espeluznantemente actual.

Salgo de la representación de Hamlet en el Centro Gabriela Mistral de Santiago de Chile y, si alguien me hace la pregunta distraída ¿de qué trata la obra?, acaso la respuesta más acertada sería: de los conflictos del poder, la violencia y la corrupción en una ciudad parecida a la ciudad en la que vivo.

La adaptación del texto (en ningún caso un trabajo como este puede llamarse traducción) a cargo de Zurita es una magistral actualización que nos permite, sin esfuerzo alguno, tender los lazos necesarios para hacernos de la obra, sufrirla. El famoso, y no por ello enigmático, monólogo Zurita lo lleva más allá de la angustia existencial hacia fronteras políticas, religiosas, éticas y morales. “Ser o no ser” dentro del régimen, ser víctima o victimario, creer, engañar. Como nunca salí del teatro sintiéndome Hamlet, con muchas más preguntas, pero con la contradictoria certeza que da la duda.

El escenario jaula fue la magistral interpretación del “Dinamarca es una cárcel”, una jaula laberíntica que se va cerrando, en la que no sabemos cuándo nos van a apuñalar por la espalda. Esta atmósfera la acentúa la iluminación que juega a fuertes sombras, no de terror, sino de violencia. Es una obra en la que sentimos la violencia actual, la física, pero también la violencia del lenguaje, de la chabacanería del “y a mi que me importa”.

Harold Bloom afirma que todos tenemos nuestro Shakespeare personal. Hoy se hizo patente para mi que todos tenemos nuestro Hamlet personal.