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¡ding-ding-dong!

Cuando murió John Lennon recuerdo que me enteré a la mañana siguiente, mientras desayunaba y escuchaba el omnipresente noticiero de “Radio Rumbos”. Esos tipos, vistos en retrospectiva, eran geniales. Recuerdo vívidamente otras reseñas, pintorescamente acompañadas del contrapunteo del xilófono; entre ellas las de los escándalos de “La naranja mecánica” y de “El último tango en París”. Eran tan buenos que, sin llegar a decir nada realmente, te dejaban plantada una urgencia por ver esos filmes.

La muerte de Michael Jackson recorrió el mundo a través de los “twits” de twitter.com en cuestión de minutos, al comienzo los mensajes eran simples: “MJ is dead!”, pero luego empezaron a llegar fotos de los paramédicos y más detalles. El noticiero de CNN daba la impresión de refrito.
He sido muy, muy cauteloso a entrar en redes sociales. En Facebook entré y salí cuando empecé a ver fotos “tageadas” por doquier, centenares de “amigos” que aparecían de repente: algo realmente raro. A Twitter entré luego de tener una buena experiencia de su uso en un evento profesional, adicionalmente el ejemplo de la distribuión alternativa de la información de Iran es contundente. Entré y comencé a recibir y enviar “twits”.
Hay de todo, nada nuevo en Internet en donde uno debe aprender a moverse entre los archipiélagos de basura para descubrir los tesoros. Pero Twitter pronto me encaró con una realidad sorprendente.
Al lado de un twit sobre el precio de los petrobonos 2011 encuentro uno en el que alguien menciona que está listo para desayunar panquecas, o que está celebrando el día del padre con sus hijos y esposa metidos en la cama, o que ya está saliendo del baño o llevando a los niños al colegio. Uno lee estas cosas y le cuesta asimilarlas; si ese usuario que está a punto de comerse las panquecas resulta conocido en el “mundo real” uno puede pensar, por ejemplo, que está muy gordo para se tipo de desayunos o puede animarse y pedirle a su esposa que le prepare unas panqueas, ya que @pepito se está desayunando unas.
Resulta gracioso, es como una especie de reality show auto-producido, pero al detenerse en la columna de la derecha en la página de Twitter.com de ese jovial comensal de panquecas uno ve que lo “siguen”, nada más y nada menos, que 2.358 personas. ¡Válgame dios, todas esas personas están al tanto de su desayuno, de sus hábitos higiénicos y de la ruta de transporte de sus hijos al colegio! Puedo parecer conservador, ortodoxo acaso, pero ¿no es demasiada apertura?
Hoy me entero que hay twitter-meetings, no me puedo imaginar una reunión de gente que, estando una al lado de la otra, se hablan a través de su BlackBerry. Muy respetable, sin duda, pero yo no me anoto. Si me ponen a escoger me quedo con el ding-ding-dong de Radio Rumbos. A lo mejor puedo conseguir ese sonido y colocarlo en mi teléfono para que me avise cada vez que llega un twit. Sería una especie de homenaje.
Por los momentos, y hasta nuevo aviso, pueden seguirme en http://www.twitter.com/jmramirezg.