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El Silencio

A la hora propicia aparece
El Silencio -blanquísimo- como
si fuese París en algún otoño y
giramos extasiados hasta toparnos
con lo medio-hecho o lo
medio-destruido que muerde
los tobillos y la estética del
esperpento desplegada
empujándonos a un callejón en
donde sólo es posible el vómito