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En la caverna de Platón

Ristras de “Sobre la fotografía” de Susan Sontag – Parte I

Al enseñarnos un nuevo código visual, las fotografías alteran y amplían nuestras nociones de lo que merece la pena mirar y de lo que tenemos derecho a observar. Son una gramática y, sobre todo, una ética de la visión.

Ética de la visión.

Por último, el resultado más importante del empeño fotográfico es darnos la impresión de que podemos contener el mundo en la cabeza, como antología de imágenes.

Las fotografías son en efecto experiencia capturada y la cámara es el arma ideal de la conciencia en su talante codicioso. Fotografiar es apropiarse de lo fotografiado.

Cámara como trampa-jaula, cápsula del tiempo, cofre de tesoros.

Cuando deciden la apariencia de una imagen, cuando prefieren una exposición a otra, los fotógrafos siempre imponen pautas a sus modelos. Aunque en un sentido la cámara en efecto captura la realidad, y no sólo la interpreta, las fotografías son una interpretación del mundo tanto como las pinturas y los dibujos.

Fotografía como acto creador.

Todo uso de la cámara implica una agresión.

¿?

Desde sus inicios, la fotografía implicó la captura del mayor número posible de temas. La pintura jamás había tenido una ambición tan imperial.

[…] la fotografía se ha transformado en una diversión casi tan cultivada como el sexo y el baile[…] Es sobre todo un rito social, una protección contra la ansiedad y un instrumento de poder[…] Las cámaras se integran en la vida familiar[…] No fotografiar a los propios hijos, sobre todo cuando son pequeños, es señal de indiferencia de los padres, así como no posar para la foto de graduación de bachillerato es un gesto de rebelión adolescente.

Cámara como anexo social.

Estas huellas espectrales, las fotografías, constituyen la presencia vicaria de los parientes dispersos.

Fotografía como lazo familiar.

La propia actividad fotográfica es tranquilizadora, y mitiga esa desorientación general que se suele agudizar con los viajes. La mayoría de los turistas se sienten obligados a poner la cámara entre ellos y toda cosa destacable que les sale al paso.

Fotografía como modo de certificar la experiencia.

Esperanzas frustradas, humoradas juveniles, guerras coloniales y deportes de invierno son semejantes: la cámara los iguala. Hacer fotografías ha implantado en la relación con el mundo un voyeurismo crónico que uniforma la significación de todos los acontecimientos.

Cámara como igualador que convierte la experiencia en una imagen estándar.

Fotografiar es esencialmente un acto de no intervención.[…] en situaciones en las cuales el fotógrafo debe optar entre la fotografía y una vida, opta por la fotografía. La persona que interviene no puede registrar; la persona que registra no puede intervenir[…] Entre el fotógrafo y el tema tiene que mediar distancia.

Actor vs. Testigo

Aunque la cámara sea un puesto de observación, el acto de fotografiar es algo más que observación pasiva. Como el voyeurismo sexual, es una manera de alentar, al menos tácitamente, a menudo explícitamente, la continuación de lo que esté ocurriendo. Hacer una fotografía es tener interés en las cosas tal como están, en un status quo inmutable (al menos por el tiempo que se tarda en conseguir una “buena” imagen), ser cómplice de todo lo que vuelva interesante algo, digno de fotografiarse, incluido, cuando ése es el interés, el dolor o el infortunio de otra persona.

Fotografiar como un acto de incitación o complicidad.

Fotografiar personas es violarlas, pues se las ve como jamás se ven a sí mismas, se las conoce como nunca pueden conocerse; transforma a las personas en objetos que pueden ser poseídos simbólicamente.

Retrato-posesión.

Cuando sentimos miedo, disparamos. Pero cuando sentimos nostalgia, hacemos fotos[…] Esta es una época nostálgica, y las fotografías promueven la nostalgia activamente. La fotografía es un arte elegíaco, un arte crepuscular. Casi todo lo que se fotografía, por ese mero hecho, está impregnado de patetismo.

Especie de “defensa otra” contra la nostalgia.

Una fotografía es a la vez una pseudopresencia y un signo de ausencia[…] La foto del amante escondida en la billetera de una mujer casada, el cartel fotográfico de una estrella de rock fijado sobre la cama de una adolescente, el retrato de propaganda del político prendido a la solapa del votante, las instantáneas de los hijos del taxista en la visera: todos los usos talismánicos de las fotografías expresan una actitud sentimental e implícitamente mágica; son tentativas de alcanzar o apropiarse de otra realidad.

Fotografías como talismanes.

Sufrir es una cosa; otra es convivir con las imágenes fotográficas del sufrimiento, que no necesariamente fortifican la conciencia ni la capacidad de compasión. También pueden corromperlas. Una vez que se han visto tales imágenes, se recorre la pendiente de ver más. Y más. Las imágenes plasman. Las imágenes anestesian[…] El contenido ético de las fotografías es frágil.

Repetición-vulgarización-irrealidad.

Mediante la fotografía el mundo se transforma en una serie de partículas inconexas e independientes; y la historia, pasada y presente, en un conjunto de anécdotas.

Discretización de la realidad.

Toda fotografía tiene múltiples significados; en efecto, ver algo en forma de fotografía es estar ante un objeto de potencial fascinación[…] Las fotografías que en sí mismas no explican nada, son inagotables invitaciones a la deducción, la especulación y la fantasía.

Polisemia y ambigüedad como valores.

Las sociedades industriales transforman a sus ciudadanos en adictos a las imágenes; es la forma más irresistible de contaminación mental.

El más lógico de los estetas del siglo XIX, Mallarmé, afirmó que en el mundo todo existe para culminar en un libro. Hoy todo existe para culminar en una fotografía.