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Fast food (a propósito de “Caracas asintomática”)

Un poquito de lechuga, una rebanada de tomate, aderezo “especial” y un trozo de carne son el paradigma de una comida moderna, rápida y completa. Sobre esos dos conceptos, rápido y completo, se edifican la mayoría de nuestros hábitos modernos, contemporáneos, actuales digamos.

De la comida pasó a la música, a la cultura en general y, desgraciadamente, a la educación. El “resumen”, la hamburguesa de nuestra educación, ha reducido el proceso de aprendizaje a la obtención rápida de unas calorías, en este caso una calificación y un título. Para qué leer, hay que ir “al grano”, ver la película, oir el cuento. “Cuesta abajo en la rodada” la superficialidad no tiene límites, y es que el fast food ha derivado en una subcultura, la de la “pretensión” (a falta de un mejor nombre permítanme esta etiqueta provisional). Basta con decir que se hace, sin hacerlo. El anuncio sustituye al hecho en una sociedad empeñada en abarcar millones de kilómetros, pero con milímetros de profundidad.

Hace unos días, específicamente el Domingo 23 de Octubre, tuve el inmenso honor de moderar (excesivo verbo para lo fácil que resultó aquello) una tertulia en torno a “Caracas asintomática”, la propuesta fotográfica que Laura Morales Balza expuso en la sala William Werner del Colegio Integral El Ávila.

Para los que crean que están leyendo un gazapo fruto del cut-and-paste, pensando acaso ¿qué tiene que ver esto con el fast food?, les digo que lo que allí vivimos los asistentes fue una demostración de lo que el tiempo, el estudio, la disciplina y la honradez pueden lograr. Nada de calorías rápidas, resúmenes, atajos, pretensión.

Ese grupo de fotógrafos y poetas (más poetas que fotógrafos) escuchó cosas y dijo cosas que sólo son posibles cuando el arte efectivamente ocurre. Esas cosas penetraron y ahora están en el terreno de lo inefable, repetirlas sería imposible.

En la película Ratatouille, que he disfrutado mas de una vez con mi familia, hay una escena en la que el sabor de un plato maravillosamente elaborado es capaz de atravesar a un ser humano y enfrentarlo con su pasado, con sus raíces afectivas, cambiarle la vida.

En una contemporaneidad tan saturada de hamburguesas, Laura nos brindó un plato simple, sin adornos, que nos conectó con nuestros sueños, nuestros miedos y nuestras necesidades. Un plato cuyo nombre pudimos haber olvidado, pero cuyo sabor nuestra alma reconoció de inmediato.

(fotografía Martha Viaña)