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Globalización – Trivialización

Globalización – Trivialización

Mientras las redes sociales en el mundo digital eran una metáfora todo estaba bien, pero se han invertido los mundos y ahora las redes sociales físicas (qué horror tener que agregar este adjetivo para explicarse) son modalidades raras de contacto y comunicación. Podemos vivir con eso los anacrónicos que nos resistimos a informar a todo el ciberespacio (término ya anacrónico de hecho) que estamos a punto de comernos un waffle, calentando el agua para bañarnos o dándole un beso a la tía querida. Con lo que no puedo vivir es con ese efecto de succión que los dispositivos móviles ejerce sobre nuestros acompañantes.

Estamos en uno de esos raros encuentros físicos, tomándonos un vino físico, hablándonos con palabras sonoras. Nuestro acompañante nos dice “sabes que el otro día vi a” y allí se quedó, con la boca abierta respondiendo febrilmente un mensaje que acaba de entrar y que, obviamente, no se podía diferir. La red social física podía caer en suspenso, pero LA RED SOCIAL ni hablar. Pero a ese lingua interruptus uno se acostumbra, las frases ahora terminan en preposiciones y tenemos que suponer el final del sentido o simplemente dejarlo así.

Pero hay algo más difícil de procesar. El Instagram ha creado una revolución visual sin precedentes, ha acertado dando la posibilidad de inmediatez a la imagen fotográfica. No es sólo hacer la foto, es dejarse llevar por los filtros y soltarla al ciberespacio de una vez, sin pausa, abandonándose al impulso. El problema, que a mi entender no es menor, es que el tratamiento de las imágenes es tan indiscriminado que podemos ver una imagen dramática de un fotoperiodista seguida de un close-up a un helado, un atardecer playero y un auto-retrato en el baño; todo al mismo nivel, en el mismo todo, acaso con los mismos filtros, en secuencia frenética.

Al final, el accidente sangriento vale tanto como el helado, porque no hay espacio semántico ni sintáctico que los separe. Ambas imágenes tiene igual privilegio en la red, ambas reciben “likes” que se traducen en corazoncitos. Y ¿qué hacer? asimilarlo o recluirnos.

Qué difícil resulta la trivialización que esta globalización trae pegada a la cola.