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Objetos melancólicos

Ristras de “Sobre la fotografía” de Susan Sontag – Parte III

La fotografía tiene la deslucida reputación de ser la más realista, y por ende la más hacedera, de las artes miméticas. De hecho, es el único arte que ha logrado cumplir con la ostentosa y secular amenaza de una usurpación surrealista de la sensibilidad moderna.

Arte mimético por excelencia.

La actividad fotográfica convencional ha mostrado que una manipulación o dramatización surrealista de lo real es innecesaria, cuando no en efecto redundante. El surrealismo se encuentra en la médula misma de la empresa fotográfica: en la creación misma de un duplicado del mundo, de una realidad de segundo grado, más estrecha pero más dramática que la percibida por la visión natural[…] Lo que vuelve surreal una fotografía es su irrefutable patetismo como mensaje de un tiempo pasado[…] Lo surreal es la distancia que la fotografía impone y franquea: la distancia social y la distancia temporal.

Único arte surreal de origen.

Las fotografías no parecen depender en exceso de las intenciones del artista. Más bien deben su existencia a una cooperación libre (cuasi mágica, cuasi accidental) entre fotógrafo y tema, mediada por una máquina cada vez más simple y automatizada, incansable y que aun caprichosa puede producir un resultado interesante y nunca del todo erróneo.

Poca intención, mucha coincidencia y suerte.

La miseria social ha alentado a los acomodados a hacer fotografías, la más sueva de las depredaciones, con el objeto de documentar una realidad oculta, es decir, una realidad oculta para ellos[…] El fotógrafo es una versión armada del paseante solitario que explora, acecha, cruza el infierno urbano, el caminante voyeurista que descubre en la ciudad un paisaje de extremos voluptuosos[…] Pero en el fondo la cámara transforma a cualquiera en turista de la realidad de otras personas, y a la larga de la propia[…] El fotógrafo saquea y preserva, denuncia y consagra a la vez.

Fotografía como cacería, búsqueda de lo exótico.

Los profesionales y los ricos suelen fotografiarse en interiores sin aditamentos. Hablan por sí mismos. Los obreros y desclasados suelen estar fotografiados en un escenario (a menudo exterior) que los ubica, que habla en su nombre, como si no pudiera suponérseles la personalidad definida que se desarrolla normalmente en las clases media y alta.

Avedon intentó superar esto. ¿Lo logró?

Encontrar bello lo que otros encontraban feo o carente de interés y relevancia: ornamentos, objetos naif o pop, desechos urbanos.

Belleza en lo desechado.

La vida no consiste en detalles significativos, iluminados por un destello, fijados para siempre. La fotografía sí[…] Los fotógrafos, operando dentro de los términos de la sensibilidad surrealista, insinúan la vanidad de intentar siquiera comprender el mundo y en cambio nos proponen que lo coleccionemos.

Coleccionar el mundo, acto surrealista.