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Paul Valéry “En el centenario de la Fotografía”

  • La Fotografía acostumbró a los ojos a esperar aquello que debían ver, y los instruyó a no ver lo que no existe y que veían claramente antes de ella.
  • Se diría incluso que, en las publicaciones, la imagen está tan celosa de suplantar a la palabra que se apropia de algunos de sus vicios más enojosos: facilidad y prolijidad. Me atrevería a agregar que la fotografía se atreve incluso a practicar la mentira, gran y siempre floreciente especialidad de la palabra.
  • Ciertamente debemos confesar que no podemos abrir los ojos sin estar inconscientemente dispuestos a percibir una parte de los objetos que están frente a nosotros, y a ver otras cosas que no están ahí. El cliché viene a reparar tanto nuestro error por carencia como nuestro error por exceso: nos muestra aquello que veríamos si fuéramos sensibles a todo lo que nos imprime la luz, y solo a lo que ella nos imprime.
  • La lengua cuenta con más de un término que lo atestigua. Hablamos, en sentido figurado, de claridad, de reflexión, de especulación, de lucidez, y de ideas; y disponemos de toda una retórica visual para uso del pensamiento abstracto.
  • ¿Qué emoción más filosófica que aquella que se puede experimentar bajo esa luz roja tan diabólica, que hace del fuego de un cigarrillo un diamante verde, mientras esperamos con ansiedad la llegada del estado visible de esta misteriosa imagen latente sobre cuya naturaleza la ciencia aún no se ha puesto definitivamente de acuerdo?
  • ¿No será necesario, a partir de ahora, definir el universo como un simple producto de los medios de los cuales disponga el hombre en cada época histórica para tener conocimiento de los acontecimientos, indefinidamente variables o distantes?
  • Si el número de estrellas acaba siendo una noción inseparable de los procedimientos que fijan ese número en un momento determinado y permiten censarlo, y, si se tienen en cuenta los perfeccionamientos acumulados, casi cabría decir que ese número del universo es una función del tiempo.
Ristras del discurso pronunciado, en calidad de delegado de la Academia Francesa, con motivo de la ceremonia de “Conmemoración del centenario de la aparición de la Fotografía en el mundo” celebrada en el gran anfiteatro de La Sorbona. París, 7 de Enero de 1939.