Posverdad

Posverdad

[Publicado en El Estilete: www.elestilete.com]

 

El director de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, ha anunciado recientemente que el término Posverdad, así sin guión ya que “pos” no funciona como prefijo, será incorporado al diccionario de la RAE en su próxima actualización como neologismo, siguiendo lo que en 2016 hizo el diccionario Oxford, que calificó a “Post-truth” como palabra del año.

Este anuncio tiene algo de lingüístico y mucho de político, ya que en la conferencia de Villanueva, que tituló “Verdad, ficción, posverdad. Política y literatura”, el catedrático va más allá del uso que desde 2003 se le da al término, sinónimo de “verdad emocional”. El término posverdad se referirá a toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público. Villanueva apunta que esta posverdad posmoderna o transmoderna ha recordado el potencial que la retórica tiene para hacer locutivamente real lo imaginario, o simplemente lo falso.

Nuestras redes sociales están llenas entonces de posverdades, en todas las acepciones, es decir, como verdades emocionales, falsedades, creencias o deseos. Ya estamos tan acostumbrados que lo que recibimos lo sometemos, a través de las mismas redes por las que lo recibimos, a verificación. Lo terrible es que las confirmaciones o desmentidos pueden ser también posverdades. Estamos atrapados, pero al menos ya tenemos un termino oficial, ya podemos llamar a todo eso Posverdad sin que nos corrijan.

En Venezuela nos hacemos preguntas difíciles, ¿Cuándo saldremos de esto?, ¿será verdad lo del descontento militar?, ¿por qué no bajan los cerros? y obtenemos respuestas que parecen nacer de deseos que se convierten en creencias y, por ende, en posverdades. Considero que gran parte del problema viene de nuestra imposibilidad de tener contacto directo con la realidad, o con el mundo como lo decía Rilke; tenemos una experiencia mediada, siempre traducida, interpretada, transmitida, editada, resumida, convertida en pixeles. Miramos la pantalla y miramos por la ventana y no hay forma de obtener concordancia.

¿Acaso la Fotografía, uno más de esos dispositivos al servicio de la posverdades, puede ayudar en algo? recuerdo a Blow-up de Antonioni y me dispongo, sin mucha originalidad, a repetir el procedimiento del fotógrafo protagonista, manteniendo en mi cabeza alguna de esas preguntas difíciles. El resultado: una posverdad, obviamente.

 

Las posverdades pueden tener la forma de textos, imágenes, videos, notas de voz, emoticones. No importa la fuente, ya que en este territorio de las posverdades posmodernas, da lo mismo que el mensaje lo recibamos de CNN, BBC o del “primo de la novia de mi sobrina cuyo papá es militar retirado”. No hay salida, la verdad huyó para siempre, por eso la decisión de la RAE me parece sumamente acertada; necesitábamos un término para denotar lo que nos queda: la verdad emocional, la mentira piadosa, el globo de ensayo, la creencia ciega, la manipulación maquiavélica, la patraña. Bienvenida la posverdad, larga vida a la posverdad, nuestro único vínculo posmoderno con la realidad, la que escojamos.