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Ristras de “Breve historia de la Fotografía” de Walter Benjamin

  • “… El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, y ninguna máquina humana puede fijar la imagen divina. A lo sumo un artista entusiasta, exaltado por una inspiración celestial, podrá atreverse a reproducir, en un instante de suprema consagración, por orden de su genio y sin ayuda de máquina alguna, los rasgos divinos del hombre¨. Se expresa aquí con toda su pesada tosquedad ese concepto trivial de “arte”, al que toda consideración técnica le es ajena, y que presiente su fin ante la provocadora llegada de la nueva técnica. Sin ser plenamente conscientes de ello, los teóricos de la Fotografía lucharon durante casi un siglo contra ese concepto fetichista y fundamentalmente anti-técnico; sin llegar desde luego al más mínimo resultado, pues se limitaron a defender al fotógrafo ante el tribunal que la propia Fotografía desacreditaba.
  • … Porque la naturaleza que habla a la cámara es distinta de la que habla a los ojos, distinta, primero, porque, en lugar de un espacio consciente predispuesto por el hombre, aparece un espacio tramado de inconsciente.
  • La Fotografía… con sus recursos, el ralentí o el aumento, nos la revela. Sólo gracias a ella descubrimos ese inconsciente óptico, igual que sólo gracias al psicoanálisis descubrimos el inconsciente pulsional.
  • La diferencia entre técnica y magia no es sino una variable histórica.
  • Del rostro emanaba un silencio que rodeaba la mirada (a propósito de los retratos de David Octavius Hill).
  • Pero la verdadera víctima de la Fotografía no fue, sin embargo, la pintura de paisajes, sino el retrato en miniatura.
  • “El violinista debe crear la nota, debe buscarla, encontrarla en un destello, mientras al pianista le basta tocar una tecla y la nota resuena. Tanto el pintor como el fotógrafo disponen de un instrumento. Pero si el dibujo y los colores del pintor son como la creación del violinista; el fotógrafo comparte con el pianista el hecho mecánico, sometido a unas leyes vinculantes a las que el violín permanece ajeno” (Camile Recht).
  • [Atget] buscaba lo que se pierde, lo que se esconde, de ahí que sus imágenes contraigan la resonancia exótica, luminosa, romántica de los nombres de las ciudades: aspiran el aura de la realidad como el agua aspira el barco que se hunde. Pero, ¿qué es, en definitiva, el aura? Una particular trama de espacio y tiempo: la irrepetible aparición de una lejanía, por cerca que ésta pueda estar. En un día de reposo, en un mediodía de verano, seguir con la mirada la línea de una cordillera o contemplar una rama que arroja su sombra y sentir que el instante o el momento se funden conn esas apariciones: eso significa respirar el aura de esas montañas, de esa rama.
  • Y es evidente que la copia, tal y como la presentan revistas ilustradas y noticieros cinematográficos, es cosa bien distinta de la imagen. La unicidad y la durabilidad están tan estrechamente imbricadas en la imagen como la fugacidad y la reproducibilidad lo están en la copia.
  • [August] Sander empieza con los campesinos, los hombres ligados a la tierra, y lleva al observador por las distintas capas sociales y los distintos oficios llegando hasta los estamentos más elevados antes de regresar hasta llegar a los idiotas. Sin duda, se trata de una observación sin prejuicios, incluso audaz, y, al mismo tiempo, delicada, en el sentido que Goethe da a la palabra : “Hay una experiencia delicada, que se identifica tan íntimamente con el objeto que se convierte por ellos en teoría”.
  • Resulta significativo que el debate se haya enquistado a menudo sobre la estética de “la Fotografía como arte”, mientras se obviaba, por ejemplo, el hecho social, mucho más consistente, “del arte como Fotografía”.
  • Que nos fijemos en la Fotografía como arte o en el arte como Fotografía, la perspectiva cambia. Cada cual ha podido notar que es más fácil captar una representación, una escultura, y hasta una obra  arquitectónica, en foto que en la realidad. La tentación es grande de achacar esto a una decadencia de la sensibilidad artística, a un fracaso de nuestros contemporáneos. Pero no conviene olvidar como con la extensión de las técnicas de reproducción, ha cambiado la percepción de las grandes obras. Ya no se perciben como obras de un individuo, sino que se han convertido en producciones colectivas, tan poderosas que, para poder asimilarlas, hay que empequeñecerlas.
  • “Cuando todo lo que se llamaba arte quedó paralítico, el fotógrafo encendió su lámpara de mil bujías, y poco a poco el papel sensible absorbió la negrura de algunos objetos de uso. Había descubierto la fuerza de un relámpago nuevo y delicado, más importante que todas las constelaciones que se ofrecen al solaz de nuestros ojos.” (Tristan Tzara).
  • “El analfabeto del futuro no será quien desconozca la escritura, sino quien desconozca la Fotografía” (Moholy-Nagy) ¿Pero no es más analfabeto el fotógrafo que no sabe leer sus propias imágenes? ¿No se convertirá la leyenda en un elemento esencial de la foto? Con estas preguntas, las nueve décadas que nos separan del daguerrotipo descargan sus tensiones históricas. De la luz de esas chispas, desde la sombra de los días de nuestros abuelos, las primeras fotografías surgen, tan bellas e inalcanzables.
(Septiembre-Octubre 1931)