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Soy un experto

Soy un experto

Hace unos días escribí esto en mi Moleskine:

 

Hay gente que hace mucho énfasis en la experiencia en términos de tiempo: “tengo 15 años haciendo esto”, etc. La experiencia, vista de esa forma, se reduce a un juego de probabilidades; una visión estadística del tema. Si bien el tiempo de exposición las probabilidades de que llegues a abarcar un fenómeno, sus características, particularidades y lo puedas asimilar y entender; esa experiencia depende del grado de atención e interiorización que se tenga.
Si una noche revelas, por dar una ejemplo en el ámbito fotográfico, 20 rollos y en cada uno pones la máxima atención, anotas, sintetizas y analizas, es probable que logres la experiencia equivalente a meses para otra persona con niveles de foco menor.
El tiempo externo de la experiencia no puede competir con el tiempo interno, cerebral, que siempre es más rápido y genera resultados más permanentes.
 

Esta reflexión la hice cuando llegué a saturarme de escuchar alegatos de expertos basados en años de experiencia y, lo que me saturó aún más, descalificar a otros por tener menos experiencia. Estos expertos se referían al tiempo, no a la experiencia que, como traté de exponer antes, son cosas diferentes.

Bien, hoy me topo con una reseña fabulosa del libro “Focus” de Daniel Coleman, en unos de los sites más interesantes que existen, Brainpickings.org, que se titula “Debunking the Myth of the 10,000-Hours Rule: What It Actually Takes to Reach Genius-Level Excellence”. Una delicia que les recomiendo que lean con urgencia, no sólo para entender una posición mucho más profunda sobre el fenómeno de la experiencia, sino para, con base en ese entendimiento, poder construir un estructura personal para integrar a nuestra experiencia lo que nos pasa por delante: http://www.brainpickings.org/index.php/2014/01/22/daniel-goleman-focus-10000-hours-myth/

Me sorprende un punto que sostiene Daniel Coleman que nunca había relacionado con el aprendizaje y la experiencia: “Daydreaming”. Soñar despierto es algo que hago sin cesar, es un placer. Me alegra pensar que ese “pasatiempo” tan grato tenga efectos secundarios.