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Un Mapplethorpe bien iluminado

Iba a escribir un artículo sobre mi experiencia en la más reciente visita al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en la que tuve que iluminar con mi celular algunas fotografías para que mis alumnos las pudieran apenas vislumbrar.

Iba a escribir que en una sala que compartían Warhol, Mapplethorpe y Sigala faltaban 6 de 9 bombillos y que el vigilante, luego de hacer la finta de regañarme por usar la luz del celular, nos confesó que se sentía profundamente apenado por “la situación”.

Iba a escribir todo eso, con lujo de detalles, desde hace ya algunas semanas. Pero no logro empezar el artículo, me da fastidio. Confieso, a decir verdad sin nada de pena, que me cansé de señalar tanta incultura, demagogia y vulgaridad.

Prefiero mirar a otro lado y proponerles que vean ustedes a otro lado, por ejemplo, al espléndido retrato que Robert Mapplethorpe le hizo a Patti Smith.

Moría Mapplethorpe y Patti escribía “¿Por qué no puedo escribir algo que resucite a los muertos? Ese es mi afán más hondo”.

Y yo lo iluminaba con mi celular, pretendía elevar mi voz de protesta. Acaso mostrar una foto suya era suficiente.