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Una fotografía muda (A silent Photography)

Una fotografía muda (A silent Photography)
Nadie como Clarice Lispector para ocultarse tras la voz de un escritor tomado por un relato, por un personaje marginal, una casi inexistente “norestina”, de nombre Macabea, inconsciente de su condición y para mantenernos caminando sobre el filo de la pena, sin posibilidad de llanto ni de risa, sintiendo que se nos vacía el cuerpo, que las ideas nos abandonan y que el sentir, único hecho posible, nos obliga a asirnos a las tapas del libro sin esperanza.
 
Las poco más de 60 páginas de “La hora de la estrella” nos presentan una geografía psíquica en la que la nada no deja espacio para la carencia, y donde la soledad es algo tangible. Macabea solo puede ser llevada a la muerte, a esa hora estelar, tras sacarla de ese terreno cercano a la santidad en donde habita y hacerla mínimamente consciente de sus carencias, mostrándole la forma de un futuro.
 
Clarice nos (me) regala una de esas imágenes que valen una vida, la de un relato “hecho de palabras”, sin argumento ni plan alguno, como una “fotografía muda” que muestra lo que es así, simplemente porque es así. “Cuando se presta una atención espontánea y virgen de imposiciones, cuando se presta atención, la cara lo dice todo.”
 
Y tanto documentalismo fotográfico, tanta lectura de imágenes, tanto análisis queda en suspenso, bajo custodia, hasta que la razón pague la fianza y nos regrese a terrenos más seguros. Pero esa seguridad sólo nos la da la mentira, la explicación plausible, no la verdad, ya que “la verdad es siempre un contacto interior inexplicable. La verdad es irreconocible”.
 
***
 

Nobody like Clarice Lispector to hide behind the voice of a writer taken by a story, by a marginal character, an almost nonexistent “Norestina”, named Macabea, unaware of his condition and to keep us walking on the edge of grief, without possibility of crying or laughter, feeling that our bodies are empty, that ideas abandon us and that feeling, the only possible fact, forces us to grab the covers of the book without hope.

The little more than 60 pages of “The hour of the star” present a psychic geography in which nothing leaves no space for lack, and where loneliness is something tangible. Macabea can only be taken to death, at that stellar hour, after removing it from that land close to the sanctity where it lives and making it minimally aware of its shortcomings, showing it the form of a future.

Clarice  gives us (me) one of those images that are worth a life, that of a story “made of words”, without any argument or plan, as a “silent photograph” that shows what it is, simply because it is so. “When spontaneous and virgin attention is given to impositions, when attention is paid, the face says it all.”

And so much documentary photography, so much reading of images, so much analysis is suspended, in custody, until the reason pays the bond and returns us to safer grounds. But that security only gives us the lie, the plausible explanation, not the truth, since “the truth is always an inexplicable inner contact. The truth is unrecognizable. ”

 
Clarice Lispector. ©2010 José Ramírez

Clarice Lispector. ©2010 José Ramírez